Cuando una empresa valora si merece la pena mantener su página web, normalmente piensa en resultados muy concretos: cuánto tráfico recibe, cuántos contactos genera o cuántas ventas llegan a través de ella.

Esta es una forma lógica de medir su utilidad, pero no es la única. Una web también forma parte de la identidad digital de una empresa y, aunque deje de ser uno de sus principales canales de captación, puede seguir cumpliendo una función importante: proteger su nombre y su presencia en Internet.

Por eso, antes de dar de baja una web o dejar caducar un dominio, conviene analizar qué se está abandonando realmente. En este post te contamos todo lo que debes tener en cuenta.

Un dominio también forma parte de la identidad de una empresa

Con el paso del tiempo, el dominio de un negocio puede acabar estrechamente relacionado con su marca. Puede aparecer en firmas de correo, redes sociales, directorios empresariales, tarjetas, presupuestos, campañas publicitarias, artículos o páginas externas que enlazan hacia la empresa.

Aunque la web deje de actualizarse, todas esas referencias no desaparecen automáticamente. Por eso hay una diferencia importante entre decidir que una página web ya no encaja dentro de la estrategia del negocio y dejar de renovar el dominio asociado a ella.

Cuando un dominio deja de renovarse y vuelve a quedar disponible, otra persona puede registrarlo. A partir de ese momento, la empresa que lo utilizaba pierde el control sobre lo que se publica en una dirección que puede seguir estando asociada a su nombre.

Y ese es un aspecto que muchas empresas no tienen en cuenta.

¿Qué puede ocurrir cuando abandonas un dominio?

Lo más probable es que, en muchos casos, no suceda nada especialmente relevante. Pero existe la posibilidad de que ese dominio sea adquirido por otra empresa, por un proyecto completamente diferente o por alguien interesado en aprovechar el tráfico, el historial o las referencias que todavía mantiene.

El problema aparece cuando clientes, proveedores o personas que ya conocían el negocio siguen relacionando esa dirección con la empresa original.

Si el nuevo propietario utiliza el dominio para una actividad totalmente diferente, puede generar confusión. Y si acaba alojando contenido de baja calidad, publicidad agresiva, páginas engañosas o incluso actividades fraudulentas, el impacto sobre la percepción de la antigua marca puede ser mucho mayor.

No significa que vaya a ocurrir necesariamente, se trata simplemente de entender que abandonar un dominio supone perder el control sobre un activo que puede seguir estando vinculado a la empresa en Internet.

Os podéis imaginar la de casos que hemos visto que por culpa de no renovar el dominio a tiempo, un tercero lo ha comprado y puesto en su lugar webs de todo tipo: apuestas, criptomones, eróticas, casinos online… Y contra eso no hay solución alguna. 

La huella digital de una empresa no desaparece con su web

Cerrar una página web es sencillo, eliminar todas las referencias que existen sobre ella en Internet es mucho más complicado.

Un dominio puede seguir apareciendo durante años en directorios, publicaciones antiguas, medios de comunicación, bases de datos, documentos comerciales o páginas que lo enlazaron en algún momento. También puede seguir siendo conocido por clientes que lo visitaron anteriormente.

Por eso, que una web deje de existir no significa que desaparezca automáticamente la relación entre ese dominio y la marca. Este punto es especialmente importante porque la reputación digital no depende únicamente de lo que una empresa publica actualmente. También está formada por todo el rastro que ha ido construyendo a lo largo del tiempo, y cuanto más utilizado haya sido un dominio, mayor puede ser su vinculación con la identidad de la marca.

Mantener el control sobre determinados activos digitales ayuda a reducir el riesgo de que otras personas ocupen espacios que el público todavía identifica con el negocio.

Mantener el dominio no significa mantener la misma web

A veces se piensa que conservar un dominio obliga a seguir invirtiendo en una página web que ya no tiene sentido para la empresa, pero ambas decisiones no tienen por qué ir unidas.

Una empresa puede necesitar una web completa, con contenidos, posicionamiento SEO y una estrategia constante de captación. Otra puede tener suficiente con una página corporativa sencilla que explique quién es, qué servicios ofrece y cómo contactar con ella.

Incluso puede haber negocios que, durante un periodo determinado, no necesiten mantener una web activa, pero sí consideren interesante conservar su dominio. Esto ocurre mucho en el caso de los autónomos. 

La estrategia debe adaptarse al momento y a las necesidades reales de cada empresa, pero lo importante es que dejar de utilizar una web sea una decisión consciente y no implique automáticamente renunciar a un dominio que todavía tiene valor para la marca.

Antes de pensar “la web ya no me sirve, la elimino”, conviene separar dos preguntas: ¿sigue teniendo sentido esta página web? ¿Sigue teniendo valor para mi empresa el dominio asociado a ella?

La respuesta puede ser muy diferente.

Una web no solo se mide por los clientes que genera

En marketing digital es necesario medir visitas, formularios, llamadas, ventas y conversiones…pues son indicadores imprescindibles para saber si una estrategia funciona. Pero no todos los activos de una empresa pueden valorarse únicamente por el retorno directo que generan.

Una página web también aporta credibilidad, centraliza información, facilita que una persona encuentre una fuente oficial sobre la empresa y permite controlar mejor qué imagen proyecta el negocio en Internet.

Además, disponer de un dominio propio significa conservar un espacio digital asociado directamente a la marca, algo especialmente relevante en un entorno en el que los usuarios investigan, comparan y buscan información antes de contactar con una empresa.

Por eso, cuando un negocio considera que su web “no le aporta nada”, merece la pena preguntarse qué está midiendo exactamente. Puede que no esté generando suficientes contactos; o puede que necesite un rediseño, una estrategia diferente o que simplemente haya dejado de ser prioritaria. Pero eso no significa necesariamente que el dominio haya perdido todo su valor.

¿Qué conviene revisar antes de dar de baja una web?

Antes de abandonar definitivamente una página web y su dominio, es recomendable revisar cómo se ha utilizado a lo largo del tiempo.

Conviene comprobar si continúa apareciendo en directorios o páginas externas, si existen cuentas de correo vinculadas a él, si sigue recibiendo enlaces, si se ha utilizado en materiales comerciales o campañas y, sobre todo, si los clientes pueden continuar asociándolo con la empresa.

También merece la pena valorar si el dominio podría volver a utilizarse en el futuro. Una estrategia digital puede cambiar y una web que hoy no es prioritaria puede volver a serlo dentro de unos años, y entonces disponer todavía del dominio adecuado puede marcar la diferencia.

Esta reflexión debería extenderse también a otros activos digitales. Perfiles sociales, cuentas publicitarias, fichas de empresa, herramientas de analítica y accesos a plataformas forman parte del ecosistema digital de un negocio y deberían gestionarse con la misma atención.

En definitiva, no se trata de acumular activos digitales sin motivo, sino de entender cuáles siguen teniendo valor antes de renunciar a ellos.

Proteger tu presencia digital también es proteger tu marca

Durante mucho tiempo hemos hablado de las páginas web principalmente como herramientas para conseguir visibilidad, posicionamiento, contactos o ventas. Y todas esas funciones continúan siendo importantes.

Pero la presencia digital de una empresa tiene también otra dimensión: el control. Control sobre la información que aparece cuando alguien busca nuestro negocio, sobre los espacios oficiales desde los que nos presentamos y sobre aquellos activos que el público relaciona con nuestra marca.

El dominio forma parte de ese ecosistema.

Una web puede quedarse obsoleta, cambiar por completo o dejar de tener protagonismo dentro de la estrategia comercial. Lo importante es que, antes de abandonarla junto con su dominio, exista una reflexión sobre lo que este activo representa y sobre qué consecuencias puede tener perder el control sobre él.

Pues una web no solo puede ayudar a generar tráfico o conseguir clientes, en determinados casos, mantener el control sobre su dominio también es una forma de proteger el nombre, la reputación y la identidad digital de una empresa, marca o persona.

En Nuntium Comunicación entendemos la presencia online como un ecosistema en el que web, posicionamiento, contenidos, publicidad y estrategia de marca están conectados. Cada activo debe tener una función y responder a una decisión consciente, también cuando llega el momento de decidir si merece la pena conservarlo.

Construir una marca en Internet no consiste únicamente en estar presente; también implica saber qué espacios nos representan y mantener el control sobre aquellos que siguen teniendo valor para nuestro negocio.